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miércoles, septiembre 08, 2010

Reflexiones perezosas

El hombre no puede soportar demasiada realidad, y en cambio puedo aguantar la ficción mientras se pliegue a sus intereses sin tratar de profundizar con el pensamiento o forzar el lenguaje. Es entonces cuando su atención está por completo desorbitada.

Un buen poeta no hace como si el recuerdo de una poesía sea como el recuerdo de una canción. El ha creado algo que no merece la pena recordarse sino provocarse de nuevo.

En otra vida hubiera y con otro cuerpo hubiera sido bailarín. Sé qué es lo que pueden llegar a sentir en algunas ocasiones y no busco en el lenguaje nada diferente a esa sensación.

Madurez: no contar con la dicha como un elemento sino como algo que se esconde entre los arbustos, al acecho y escondida. Andar con la fuerza prestada.

Tengo la tentación de llamar vulgaridad a aquello que no entiendo.

Aunque el dolor vuelva amplificado la voluntad seguirá molestándote con continuar viviendo. Es un error decir: "para qué retrasar lo inevitable?". Más bien habría que pensar: "si voy a seguir caminando por qué no me deshago ya de esta piedra en el zapato?".

De acuerdo, no ha sido un verano en bicicleta ni sobreabundó la energía. No hay nada en este salón oscuro. ¿Es eso suficiente rédito de un tiempo al que no supe subir, ni bajar, sino quedarme entre escalones? ¿O el dimitir en la tarea de parecer normal?

Quien se considere en posesión de la verdad está enfermo. Lo está por pensarlo o también porque puede ser verdad. La patología de la verdad produce silencios elocuentes.

La vergüenza es la salvaguarda de la integridad de algo no acabado -como la fiebre es una defensa del cuerpo. La vergüenza ajena es autoritarismo. Sólo debería ser válida entre familiares puesto que está en liza la integridad del linaje. La identidad de nosotros mismo es un espejismo tanto más alejado de la realidad cuando menos dueños de nosotros seamos, pero nos sorprenderíamos cómo somos menospreciados en la identidad que nos otorgan los otros.

La molestia hacia la rutina es falta de humildad y precipitación descuidada.

La belleza no suele aparecer sin tormentas.

Los que hablan del acto creativo no suelen entender que se trata de un don. Y si lo han entendido hablan de él porque jamás han sido poseídos por el genio. Son como etiquetadores en un supermercado o, mejor, como juiciosos embalsamadores que aman su trabajo.

Lo más hermoso del verano: pensar que volverá a ser verano.

1 comentario:

Myriam Abedul dijo...

Me gusta. Sobre todo que siga siendo verano cuando ya se habla de otoño... (Penguino Ibérico)