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lunes, junio 25, 2007

No te preocupes (2)

Muchas preocupaciones se pueden reducir si uno se da cuenta de la poca importancia que tiene el asunto que está causando la ansiedad. A lo largo de mi vida he hablado en público un considerable número de veces; al principio, el público me aterrorizaba y el nerviosismo me hacía hablar muy mal; me daba tanto miedo pasar por ello que siempre deseaba romperme una pierna antes de tener que pronunciar el discurso, y cunado terminaba estaba agotado por la tensión nerviosa. Poco a poco fui aprendiendo a sentir que no importaba si hablaba bien o mal; en cualquiera de los dos casos el universo seguiría prácticamente igual. Descubrí que cuanto menos me preocupara de si hablaba bien o mal, menos mal hablaba, y poco a poco la tensión nerviosa disminuyó hasta casi desaparecer. Lo que hacemos no es tan importante como tendemos a suponer; nuestros éxitos y fracasos, a fin de cuentas, no importan gran cosa. Se puede sobrevivir incluso a las grandes penas: las aflicciones que parecía que iban a poner fin a la felicidad para toda la vida se desvanecen con el paso del tiempo hasta que resulta casi imposible recordar lo intensas que eran. Pero por encima de estas consideraciones egocéntricas está el hecho de que el ego de una persona es una parte insignificante del mundo. El hombre capaz de centrar sus pensamientos y esperanzas en algo que le trascienda puede encontrar cierta paz en los problemas normales de la vida, algo que le resulta imposible al egoísta puro.

Bertrand Rusell. La Conquista de la Felicidad. 1930.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un problema no es insoluble, desde el momento que otros han resuelto problemas semejantes. Pero es necesario que cada cual sepa como resolver el suyo.La dificultad no está en el problema sino en el hombre. Todos aceptariamos que nuestro problema es más dificil que el de otro. Pero ninguno aceptaría que es menos capaz que otro. Y como la primera afirmación es falsa, no nos queda mas remedio, si no queremos que sea verdad la segunda, que hallar el modo de resolver el problema ¡je, je je!. Hemos de partir siempre de la idea de que lo resolveremos, no importa que no sepamos como. Lo que importa es que estemos convencidos de que hay una salida y de que la encontraremos. ¡Suerte!