Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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miércoles, septiembre 12, 2007
Bergman revisited
Dicen las malas lenguas que Platón murió con un libro de comedias ligeras bajo la almohada, y no, como defendieron sus discípulos, con las tragedias de Esquilo. Por un inconmensurable histórico, una variable que el doctor Zoidberg llama efecto sandwichiera, lo significativo de lo humano siempre decae en la dimensión seria de las narraciones. Tal efecto exige que todo lo importante vaya acompñado de un rictus de corrección, de un halo de oscura formalidad en la que siempre hay un superior mal reverenciado y un humillado sirviente . La condición humana ha ido nutriendo de este modo a sus vástagos, haciéndoles comprender que allá donde se la juegan tiene que reinar la rigidez y la ausencia de cualquier manifestación festiva. El arte no se ha sustraído de esta tentación y su efectuación más fácil y difícil a la vez, el cine, ha encontrado verdaderos maestros de la seriedad y fervientes críticos que, con el dedo pegado al carrillo, han hecho acallar a los espectadores ociosos con el lema: "esto es verdadero arte, (aunque sea un coñazo)" . Hay que imaginarse qué va a pensar ese ingenuo espectador en busca de entretenimiento que se tropieza con una película de madrugada y en cuyo guión figuran frases como: "en ocasiones creo que voy a sufrir un castigo indescriptible", o, "tengo un cuerpo demasiado pequeño para la angustia que siento"; en el que el protagonista lee a Sören Kierkegaard y en el que su hijo primogénito se acuesta con su nieta. Empieza a ser un ejemplo que se repite muchas veces. Aunque se trate, según todos los entendidos, de la obra maestra de Bergman: Saraband (2003), como si quiere ser aquel riguroso film de David Lynch (Mulholland Drive) cuyo palmarés de premios supera a los créditos. No se trata de reivindicar el gusto democrático o del sentido común, algo que pueda agradar a todos. Es algo que va más allá de lo adecuado o de lo que es el caso o no es el caso. Es la manera de encumbrar exclusivamente aquellas obras que tienen un cariz oscuro e incluso absurdo o incomprensible. Como si la verdad tuviera que ver con el sufrimiento, con la confusión o con la extrañeza. Es la forma en que esos directores y críticos se han encerrado en un mundo de autorreferencias (cfr. junta de la troca, de Paltrow) y están creando la historia del arte con un conjunto de criterios endogámicos entre los cuales nunca se halla aquel que hace disfrutar o reir a la gente. En un mundo en el que ni siquiera los imponderables de futurama tuvieran peso, los premios noveles de la paz, del pensamiento, los grandes hitos de la humanidad irían a parar a personajes como Jerry Seinfeld y Kosmo Kramer, Homer, Benny Hill, Mr. Bean, Frasier y Nils; a actores como Bill Murray, Jim Carrey, Woody Harrelson o Jeff Daniels.
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1 comentario:
muy-muy-bien. Ahora sí. Unas observaciones:
Siempre he pensado lo mísmo, ¿existe un pensamiento crítico único?. a reflexionar.
respecto a los ganadores del nobel: no podemos olvidarnos a Sacha Baron Cohen en cualquiera de sus dos manifestaciones: Ali G y Borat.
En cuanto a los críticos ya-ves-truz. Uno de sus ídolos, Woody Allen, dijó una vez: "ayer fuí a ver una de esas películas europeas en las que puedes ver crecer la hierba"
En fin, weis gracias por hacerte legible al común mortal.
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