Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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lunes, febrero 16, 2009
Shopenhauer sobre la insociabilidad 2
"Lo que representamos, es decir, nuestra existencia en la opinión de otro, se aprecia demasiado, por lo general, a causa de una debilidad particular de nuestra naturaleza, aunque la menor reflexión pueda enseñarnos que eso es en sí de ninguna importancia para nuestra felicidad. Así pues, cuesta trabajo explicar la gran satisfacción interior que experimenta todo hombre desde el momento que observa un rastro de la opinión favorable de los demás y en cuanto se malogra su vanidad, comoquiera que sea. Tan infaliblemente como el gato se pone a maullar cuando se le acaricia el lomo, así se ve reflejarse un dulce éxtasis en el semblante del hombre a quien se elogia, especialmente cuando el elogio cae en el dominio de sus pretensiones y aun cuando sea una mentira palpable. Los signos de aprobación de los demás consuélanle, a veces, de una desgracia real o de la parsimonia con que manan para él las dos fuentes principales de la felicidad de que hemos tratado hasta ahora. Recíprocamente, es asombroso ver cómo se disgusta de una manera infalible, y muchas veces se siente dolorosamente afectado por cualquier lesión de su ambición, en cualquier grado o bajo cualquier respecto, por todo desdén, por toda negligencia, por la menor falta de consideración. En cuanto que sirve de base al sentimiento del honor, esta propiedad puede ejercer una influencia saludable sobre la buena fortuna de muchas personas, como sucedáneo de su moralidad: pero en cuanto a su acción sobre la verdadera felicidad del hombre y especialmente sobre el reposo y la independencia del alma (dos condiciones tan necesarias para la felicidad) es más bien perjudicial y perturbadora que favorable. Pero, desde nuestro punto de vista, es prudente fijarle límites; y por medio de cuerdas reflexiones y una apreciación exacta del valor de los bienes, moderar esa gran susceptibilidad respecto a la opinión de otro, tanto cuando se le acaricia, como cuando se le hiere, porque en ambos casos tienen el mismo origen. De lo contrario permaneceremos esclavos de la opinión y del sentimiento de los demás: Sic leve, sic parvum, animum quod laudis avarum subruit ac reficit, tan leve, tan insignificante es lo que reconforta a mi espíritu, ávido de alabanza" (Arte del buen vivir, IV).
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2 comentarios:
Desde luego que muchos amigos no tendría shopi...
Por lo visto dejó de ser catedrático porque puso las horas de su clase al mismo tiempo que las de Hegel, que por entonces, era ya el super-genio. Así que decidió vivir de una buena renta que heredó de su padre. Trabajaba por las mañanas, comía en el mismo hotel todos los días (mejor imposible) y daba un largo paseo con su perro por la tarde. Dejó escrito un aforismo: "si no existieran los perros, no podría vivir en este mundo".
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