Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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martes, marzo 10, 2009
El yo dividido (4)
Lo extrañamente familiar era el único lugar en que podía respirar. Pronto la policía local empezó a hacerme preguntas y tras unas semanas me redujeron para llevarme al agujero. Recuerdo aquellos días no como un pasado lejano sino como algo perteneciente a algo que me había de ocurrir, como el momento en que anticipas el final de una tragedia. El tiempo, la continuidad con la que nos referimos al devenir, al envejecimiento, al retraso de todas las cosas, se me anudó en el cerebro y me obligaba al ir y venir interminable por los pasillos del primer hospital que visité. Si me daban tiempo suficiciente conseguía retomar el ritmo que me obligaron a abandonar. El disco comenzaba a girar del revés y la aguja conseguía mantenerse en el perímetro. Ese pequeño espacio del extremo me hacía recobrar una música inaudible que calmaba mi cerebro. El tiempo se encogía y lograba descansar mientras sonaba sordo en mi pecho. Los instantes dejaban de proseguirse y se ladeaban, curvaban hasta un punto la línea habitual de su proseguir y sin ralentizarse se ejecutaba la melodía de una sola vez, como algo que no fuera a tener final.
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