Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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jueves, marzo 12, 2009
El yo dividido (5)
Hace ya un tiempo que vivo en una especie de chalet hermético con gente de toda clase. Batas, sobre todo, batas; especialistas que experimentan con mis sueños como con un extraterrestre, un visionario del futuro que puede echar por tierra teorías sobre la psique y sobre su conexión con el mundo físico o humano; una patología flagrante que esconde algún secreto. Lo noto en sus miradas, en sus preguntas, en su entusiasmo. Soy un error de la naturaleza o tal vez un agujero desde el cual mirarla desde una nueva perspectiva; buscan parámetros para delinear una forma de locura sobre la que pendo, pero todo su interés se basa en los aciertos de mis predicciones porque si hasta ahora se entiende el futuro como aquello no escrito, qué hacer con alguien que puede leerlo con una exactitud lineal? Las visitas que más me gustan son las de los antropólogos; son los más atentos y jamás me interrumpen con sus preguntas. Toman notas como si estuvieran ante un monstruo, pero lo hacen maravillados y desconcertados. No sólo se interesan por el contenido de mis sueños; les interesa saber cómo me siento, qué me gusta, qué pienso de todo esto. Por eso elegí al doctor Giggs para que planificara un plan de trabajo que no me dejara agotado a última hora de la mañana, y también conseguí de su influencia un día a la semana para dormir sin los aparatos. Es simpático el doctor Giggs. Hablamos de fútbol o de su familia mientras consumimos un café bien cargado. Es capaz de calmarme en los momentos de tensión sin ningún sedante. Alcanza mi mano y me acompaña al jardín sin mediar palabra. Es el único que me permite trazar algún tipo de orden desde los días que permanezco aquí.
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