Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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jueves, marzo 12, 2009
El yo dividido (6)
Porque mis días aquí siempre me parecen distintos. Tras la comida caigo en un profundo tedio en el que parezco andar sobre el borde de un abismo. Siento un vértigo que supera mi imaginación y siento caer hacia un vacío sin fin. Pido a gritos un sedante porque no puedo superar el tiempo de caída libre como si fuera un manto suave de acogida. El doctor Giggs me propuso en un principio que le describiera con palabras la caída libre hasta el nivel más bajo. Utilizó para ello un opiáceo que amortiguaba la amargura de no encontrar descanso. Accedí al experimento si aumentaban el espacio de mis paseos. Por Dios, que me costaron caros. Una vez y conseguiría esquivar al menos la sesión de las once. El peso de mí mismo fue encogiéndose a la vez que adquiería una aceleración inaguantable. Traté de mirar hacia el fondo, hacia esa oscuridad que me atraía. Un segundo, dos, nada tomaba forma sino precisamente todo lo contrario. Un cambio incesante, un enorme centro descentrado. Eso es todo lo que le pude decir, el horror de no reconocer al mismo horror.
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