Seguidores

miércoles, septiembre 02, 2009

Viernes, 2 de noviembre de 2007


Cuaderno de Bitácora. Zarpamos hacia Formentera. Habíamos salido a pasar la tarde con unas rachitas de viento. En cuanto entrábamos por la bocana M. ha dicho que si comprábamos una botella de Jacky y nos íbamos, y nadie ha dicho que no. Ya es de noche. Hay algo de especial en el ambiente, como si no fuéramos a volver. V. me ve escribiendo y me pregunta. Dice que ese algo es como cuando una piedra desgastada se convierte en lava. Como si toda pesada carga pudiera ser derretida y aligerada, éter al fin. No se puede hacer un corte transversal a la lava. Me viene a la mente El nacimiento de la tragedia: la lava no sabe de su futuro ni de su resto. Ahora pueden darse la vuelta a todas las heridas y ser purificadas. Salgo. La tentación del alta mar es como el vértigo de desnudarse de todo pasado, no como un acto de orgullo, sino como una manera salvaje de seguir adelante. Un lugar parecido al Hades, o un desierto, donde parece que puedas perder lo que has sido si pasas suficiente tiempo allí. Lo que crees que has sido. Qué diabólicamente difícil es lo fácil. Miro a J. Parece un niño. Está abrumadoramente feliz. Miro a M. y a sus miedos. No hay nada que llene más en la vida como sentirse dueño de uno mismo y seguir de pie teniendo motivos para no hacerlo. V. es ahora una tempestad: chapotea con Dionisos. No se quedará jamás en un rincón. Jamás se quejará.
Todo parece estar en orden. Hoy, anuncio, no quiero dormir. M. decide hacer lo mismo. Ver amanecer.

No hay comentarios: