I. LA PREGUNTA DE LA ESFINGE
Los espíritus aceptan la vida, dan por sentadas
sus diferencias y, en consecuencia, siempre tienen problemas.
T. CAPOTE. EL ARPA DE HIERBA
sus diferencias y, en consecuencia, siempre tienen problemas.
T. CAPOTE. EL ARPA DE HIERBA
A través del invierno invocamos la primavera,
toda la primavera llamamos al verano,
y cuando ya resuenan los setos rebosantes
declaramos que lo mejor es el invierno.
No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo la nostalgia de la tumba.
W. B. YEATS. THE WHEEL
toda la primavera llamamos al verano,
y cuando ya resuenan los setos rebosantes
declaramos que lo mejor es el invierno.
No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo la nostalgia de la tumba.
W. B. YEATS. THE WHEEL
INTRODUCCIÓN
La esfinge en todo caso no podría haber hecho su pregunta; ella no está implicada en el conjuro. Es superfluo imaginar que la pregunta es la misma conjetura que nos anima. La adivinanza exige la respuesta correcta o la errónea. Por eso, en el caso de la esfinge, es su desolación. Sin embargo acierta al enunciar el dilema interpretando. Toda pregunta es fruto de una respuesta. Son como peldaños. ¿Qué pasaría si, al remontar por la escalera, uno siente la sospecha de que está bajando? ¿Se puede estar en el derecho de ponerse en el punto de vista de la Esfinge?
PRIMERA CONFESIÓN ANTE EL REY DESNUDO
Buscamos continuidad
aunque sea en el engaño
medianamente consciente.
El más leve gesto
de ruptura, de límite
de acantilado,
de brecha sin final,
ante el término,
se nos eriza el pelo
y, medrosos,
intentamos distraernos o
abandonarnos en el vuelo etéreo
de la voluptuosidad.
[Nos da miedo la nada].
CLAVES PRÁCTICAS PARA VIVIR UNA VIDA REAL
I
El tema pertinente que debería
tratarse por extenso, la religión
desde el punto de vista de
la subjetividad que..
CALLA
Entonces deberíamos hacer
hincapié en otra instancia más
compleja,
la desideración y el acto volitivo..
CALLA
La tragedia, la clave, la
estructura trágica de la que
dependen otros juicios,
el significado real..
CALLA
La distancia que media
entre lo que quieres ser
y tu paciencia, la tensión..
CALLA
El silencio como fondo
permanente, la paz ese
bien inapreciable, la
capacidad de donación..
CALLA
Ju, Jai, Je-lei, Ji-lu,
borromm, Borom-bom-bom,
rrrrhi, ri-ri-ri,
Ju-ju, Je-lei, Ji-lu.
Nada de lo proyectado
en previsión..
Ju, lai, ja,
lo que no puedo escribir..
¿quién quiere más programas?
Jelei-Jelei,
¿no tienes bastante con el
horario de trenes?
Je-lei, Ji-ju.
SAT, SAT
CHIT
ANANDA.
II
por eso nos da ahora miedo
por eso nos da miedo amar
con la fuerza con la que hundíamos las manos en la arena.
J. M. MORA. RECUERDA LA LUZ
por eso nos da miedo amar
con la fuerza con la que hundíamos las manos en la arena.
J. M. MORA. RECUERDA LA LUZ
Mira
todos se preparan
para el espectáculo
de gusanos,
todos tienen o esconden su dolor
con flores olorosas
de primavera:
mira
buscan un remedio
salvo los borrachos
que buscan su tiempo perdido,
o los vagabundos
que nos hacen guiños
cuando subimos al tren.
Qué daría por ver el abrazo que doy en el vacío
eternamente lejos,
ver el paso en falso
del camino desterrado.
¿Quién hizo esta escalera tortuosa
de cadáveres, decid,
a quién acudiremos vomitando
con dolores de útero enfermizo,
qué mezcla de venenos
bebimos hasta agotar nuestro cáliz diario?
¿Somos o no somos
dolor estentóreo que gime
entre arcadas
en la calle marchita?
¿Hay o no medias hundidas en el Támesis?
III
Y hoy sabemos que las noches no son nuestras
y es inmenso el mundo.
G. INSAUSTI. JUGLARIA
y es inmenso el mundo.
G. INSAUSTI. JUGLARIA
Hay dos modos semejantes de continuar
la labor que una estrella del destino dejó en tu frente.
Puedes sobrevivir yendo hacia atrás retomando
una y otra vez el tejido desabrido,
mirando la luz invisible y girando tu cabeza
de vez en cuando a tus espaldas:
comprobando tu gesto inútil
deshaciéndose en agua
en vez de surco.
O puedes esperar a la intemperie
desposeído y en sueños;
una vida crédula y desapacible,
entre hortigas, abrazado
al vestido terreno del dolor del primer día
y aún sobrevivir
en danza.
WITTGENSTEIN PROPONE UN BRINDIS
El uso de la palabra destino. Nuestra actitud hacia el futuro y el pasado.
L. WITTGENSTEIN. OBSERVACIONES
L. WITTGENSTEIN. OBSERVACIONES
¿Somos deudores de un dios que pecó por exceso de ambición o somos los dueños por deseo del tiempo o no somos más que un sueño de algún genio maligno o de la clase dominante o somos un animal especialmente creado para fingir o hacerse ilusiones en su organización del espacio o no somos más que un capricho que le salió perverso al destino o la memoria de nuestros padres vagabundos o el bípedo que se queja y toma los huevos pasados por agua o la copia infiel del diablo o la cara oscura de la luz o acaso algunos imaginan con verdad que un dios podría hacer de esta tragedia una historia sin reservas aristocráticas que podamos contemplar con los rostros arrugados? ¿Somos?
RILKE CONTRA LAS CUERDAS
Las cosas se desvanecen. Las ordenamos. Se disgregan. Las ordenamos nuevamente y nosotros nos disgregamos.
R. M. RILKE. VII ELEGIA
R. M. RILKE. VII ELEGIA
Caminas hacia adelante hombre bicéfalo con el paso ensimismado,
rezuman en tus oídos el olor y el eco del movimiento,
tu meta es sencilla, es el motor de tu sendero
y tu brújula.
Todo lo que has querido, el velo que dejaste teñido
en tu memoria,
se pone en pie y pregunta con semblante de pájaro:
¿nos has llamado, dulce encanto?
Reclaman su sitio en el inventario.
¿Ya no nos recuerdas? ¿Cómo nos llamaste
en desesperada mueca, cómo nos buscaste
si hasta bailabas en tensión?
Reíamos tu cuerpo en armonía rígida
pero entonces no estabas maduro,
te dimos un brebaje para que nos esperaras
pacientemente, hermano,
y aquí estamos.
Disperso entre las calles y las antenas y
los carritos del supermercado y el asfalto y los semáforos,
tu perdón sólo es una excusa o una tregua.
Qué ojos resinosos, qué respirar
al unísono con una voz trémula inaudible
permitirían imaginar
un fracaso estrepitoso, o la idea de un
sufrimiento desbordante
pero no la sordera.
Caminas, viejo esqueleto pintado,
brillan tus huesos pestilentes bajo el sol
por el carmín,
hacia adelante, no lo olvides,
no sabes cuándo comenzaste a caminar,
piel tersa de piel de cerdo entre latas de cerveza,
camina.
Ah, si los bloques de edificios
anunciaran perspectivas u horizontes
en movimiento,
tu cansancio es música de tripas de escorpión,
camina hacia tu meta
y no olvides que el útero del que saliste
airosamente
podría ser algo más que una metáfora,
camina.
SOBRE LA MÚSICA SE HAN ESCRITO LAS MISMAS COSAS QUE SOBRE EL SEXO
La vida nueva es
como un verso al revés
como amor por descifrar
como un dios en edad de jugar.
S. RODRIGUEZ. JUEGO QUE ME REGALÓ UN SEIS DE ENERO.
como un verso al revés
como amor por descifrar
como un dios en edad de jugar.
S. RODRIGUEZ. JUEGO QUE ME REGALÓ UN SEIS DE ENERO.
Cada plazo dado a la armonía,
cada rima anticipada,
cada conato vano por cerrar el círculo.
un nuevo desierto.
Pocas cosas en común
a lo que los hombres han llamado destino,
ni siquiera la tierra baldía es un
denominador presente en todos.
Si digo cada escala
representa un mundo,
invento un fondo unitario de medida.
Sí, hay permanencia
sólo codificable en continuidad,
sí hay retorno
pero nunca imaginado,
sí hay Dios
pero siempre caprichoso a sí mismo.
Seamos fieles al engaño;
a golpe de apariencia
nos acostumbramos a la caída
y podemos adoptar un figura ágil e infantil
sonriente a la desposesión y al desgarramiento.
Todo desgarro es aparente,
las medias están hundidas y las
vemos reflejadas.
Son nuestros ojos cóncavos los que hacen
espacio habitable y sendero.
Recuerda no darte la vuelta
hacia la ciudad en ruinas.
Volverán los tiempos
a ser un solo tiempo,
como un verso del revés,
volverán al punto renovado y antiguo
y mirar al frente será un vuelta
completa, inconfundible y exacta,
y ser hombre será ser mujer
y ser fruta.
Mientras el destino manche
aún debemos engañar a los dioses.
GOLDEN FIELDS
you forget the sun
you forget the sun
Amor, llorando, quema;
y quién iba a decirme
expoliado de naturalezas suaves,
colgando al desengaño los despojos
del naufragio,
anundando las cadenas,
que iban a sobrevolar gaviotas
sobre el asfalto,
y quién imaginara
a quién debía amar
entre borrascas,
a quién confiar el sudor frío.
Quien añade sabiduría añade tristeza,
quién de los que caminan
van hacia adelante,
qué espinas hacen palabras de seda
para quién.
Quejidos de gaviotas urbanas
en la madrugada
acaso en la hora del parto
llovía en la ventana.
Fértiles gaviotas en el emanecer;
la salida del útero es dolorosa
pero bella.
Todavía un poco borroso y húmedo.
Gaviotas urbanas mandaron
renovar el dolor
como un erizado invierno.
Insospechadas diosas
trastocaban oro en mediocridad.
Qué padre viendo a su hijo
dormido aprisionado
tiene el valor y la pericia
de matar
al reptil sin tocar al joven,
infame canalla.
Amor, llorando, quema.
De qué quejarse
si en la cama tan angosta
que revolverse no puede
pues para caber en ella
un pie sobre el otro tiene.
Quién distinguió
lecho del dolor y del tálamo.
Sentirse tirado de las estrellas
y gaviotas urbanas en la madrugada,
soñó el viento en continua elevación
hasta perderse de vista.
Ah, si fueran reales las lágrimas
o un resumen de su tiempo
tropezando,
ah, eras tú el que mirabas
ajeno a la superficie.
Sólo palabras de seda,
sólo naufragios.
Ah, si fuera un solo
naufragio memorable
entre los libros apilados,
ah, si sus lágrimas
quemaran,
si amara como el clavo,
ah, si después de todo
unas manos calientes esperando,
un escenario ante la inmensa mirada,
ah, si sólo un Dios
también de las gaviotas y con manos.
EL ARPA DE HIERBA
Un criterio sano y recomendable
para identificarnos podría ser
nuestra propia conciencia,
el eco del pasado con sus
remordimientos y sus trivialidades,
la selección de los hechos que hacen
de él un continuo y se proyectan
a un futuro abstracto,
un criterio demasiado manido
y del que sospechamos
cuando la duda sobre lo que
cuesta mantener la pregunta
por la imagen se enciende
ante el resultado.
La sospecha se hace amenaza
si vemos más allá:
las cadenas de herrumbre
que impiden hacer la pregunta
precisa.
Podemos entregar el corazón
a nuestro entorno
y dejarlo a pedazos
en apeaderos que
nunca vamos a volver a pisar.
Porque siempre estamos moviéndonos.
No hay retorno.
Volver en busca de lo deseado
es siempre un paso atrás
que no conduce
al lugar anterior.
Dolly hablaba del arpa de hierba
que es como si el horizonte de los campos
cantara a través del viento.
Quizá no necesite justificación
si el canto que se mece entre las flores
y el trigo deshilachado
es bello.
¿Qué hacemos entonces con
Little Gidding de Eliot?
LA POESÍA ES MÚSICA FRUSTRADA Y CONGELADA
Que el devenir, que eternamente opera y vive,
os contenga en los propicios límites del amor,
y lo que fluctúa en vacilante apariencia
se afirme en duraderos pensamientos.
GOETHE. FAUSTO.
os contenga en los propicios límites del amor,
y lo que fluctúa en vacilante apariencia
se afirme en duraderos pensamientos.
GOETHE. FAUSTO.
Una aspiración deseable del Fausto
parece ser nuestro mayor propósito,
el telón que divide sueño y realidad,
los cimientos de una carrera en progresión,
la perspectiva que se acrecienta
conforme la cima deja ver sus límites.
Una ilusión en la que todos conviviéramos,
pues es sabido que sólo el mundo privado
merece una palabra digna de recuerdo,
que debemos guarecer nuestro consuelo
dentro del terreno inalienable de lo que creemos
el hogar de calcetines.
Conocemos el significado de paz
para nuestros adentros:
escépticos imaginamos
a la flor como símbolo,
al Otoño como un secreto,
pero no aguardamos
más que el azar.
Localizamos los signos románticos
en un tiempo de locura,
sonreímos leyendo a Goethe
y algunos piensan que Beethoven
es el delirio del clasicismo insomne.
Toda respuesta parece
un canto abstracto.
Aún podemos preguntarnos.
ELIOT CONTRA LAS CUERDAS
El hombre no puede aguantar demasiada realidad
por eso le gusta verse en el espejo de los dramas y comedias,
contemplar el brillo del polvo mientras flota como oro
y girar a prisa la cabeza antes de verse fundido en el barro,
eso es lo que quiere;
pero cuando la imagen descubre entre los escombros
como la herida de una espada
lo que hay detrás de la acción nerviosa y programada,
o cuando siente en lo que le pasa
la lágrima nunca vertida,
las ganas de llorar sobre un hombro franco,
y no encuentra más que
el eco del ruido que hizo al andar,
el polvo hueco,
el camino borrado,
cuando siente en el orden temporal
no la distancia de lo irrevocable
-lo que depende de otros-
sino la dependencia de un dios terrible, de un ángel de Rilke,
agita su cerebro, hace chasquear
con la lengua una expresión parecida a
"siento el peso de todo lo andado por mis hermanos
y sin embargo.."
hace un remedo de súplica
"y sin embargo, necesito un apoyo
que permita no tomármelo demasiado en serio".
HESSE CONTRA LAS CUERDAS
¿Quién nos colocó así, de espaldas,
de modo que hagamos lo que hagamos siempre
estamos en la actitud de aquel que se marcha?
R. M. RILKE. VIII ELEGIA.
de modo que hagamos lo que hagamos siempre
estamos en la actitud de aquel que se marcha?
R. M. RILKE. VIII ELEGIA.
¡Ah, Harry, nos vemos precisados a taconear por tanta basura y por tanta idiotez para poder llegar a nuestra casa! Y no tenemos a nadie que nos lleve; nuestro único guía es nuestro anhelo nostálgico.
H. HESSE. EL LOBO ESTEPARIO
H. HESSE. EL LOBO ESTEPARIO
¿Es posible ser adulto
ser esta dolencia que sólo permite
la completud en la sátira
el apasionamiento sereno
en la comedia?
Veía el lobo estepario
como un enfermo,
un convalenciente de sí mismo,
y ahora Harry Haller se ha hecho
casi modelo de una existencia posible.
El comprendió que hoy debemos resignarnos
a escuchar a Mozart
mezclado con los anuncios de detergente
y las cotizaciones de bolsa,
comprendió que su vida transcurrida
podría resumirse en una hoja deshilachada,
que la fuerza del instinto
era una alegoría incoada del gran juego
y que, (¡al diablo con el vale la pena!)
la mansedumbre era otra forma de admiración.
Pero hasta Wittgenstein
soñaba con un puesto de avanzadilla
en la gran guerra
que aniquilara su angustia.
Sí, Wittgenstein quizá logró recuperar
fuerza por el volumen del trabajo
que se avecinaba tras su intuición.
El andén es un buen lugar para esperar
mientras haya sol,
pero qué cuando escuchas
estridente el ruido de las ruedas
en su giro inicial, el pitido agudo
del tren a donde no subes,
de donde no recuerdas,
qué cuando el lobo solitario
se quedó apeado en la última estación.
Mirar hacia adentro,
dicen los sabios,
saberse transparente
en un punto de apoyo final
que articula tus pasos.
Ah, son empresas imposibles
para el que está permanentemente
de espaldas,
para el que abandonó el andén.
Knecht vió el dolor que resumía su vida
como un síntoma de que el Juego de los Abalorios
y Castalia este una forma encubierta
para permanecer,
y halló la muerte
cuando florecía entre las cordilleras de Suiza
el sol glaciar.
Ah, pero hasta la muerte
del señor Knecht fue bella.
Vi como quedaba en otra estación
tendido con gesto de placer,
¿puedo suponer que el
"hacia ningún sitio"
puede ser un motivo digno de llanto
o de un quejido
si alguien lo oyera?
ETCETERA AD NAUSEAM
Oh, sí, danzar como un bailarín
el gran teatro,
aceptar la máscara en movimiento,
su tranformación,
y pensar que el
individium est ineffabile
es un átomo irreal
y que, al menos,
nos da pra jugar.
Quizá al autor del juego
se le haya ocurrido
pringarse hasta las cejas
y no sepa nada del final.
TWINKLE, TWIKLE, LITTLE STAR
Me levanté con las sábanas apagadas
y había silencio.
(El silencio es algo mágico).
Por más que empiezo
a imaginar
la posibilidad de un canto
ya hay melodía;
como si el niño que comienza a jugar
a los ladrones, escucha un ruido sospechoso
y nota la presencia extraña de alguien en el comedor.
Hasta que no sacudo
mi rostro
acostumbrado a los semáforos
y a juzgar entre papeles,
hasta que no surge
entre las cenizas
el alma de ese niño
es inaudible la sinfonía.
Llegar tarde es el privilegio
de la inocencia.
TWICE-TOLD TALE
Cuando me paro a contemplar mi estado
tengo el vago presentimiento,
la sospecha,
de que alguien o algo
se equivocó al programar
mi historia,
no sólo porque el resumen
de todo esto
se parezca a una ecuación de segundo grado,
de aquellas que daban más/menos
resultado,
sino porque
además de que, por supuesto, no soy digno de escuchar a Bach,
me veo incapaz de arrodillarme piadoso ante un hoja.
¿Por qué hay gente que se empeña
en demostrar con razones la presencia
de la inmensa mano?
SI LAS MATRICES TUVIERAN VENTANAS
¿Por qué es malo matar a un Ruiseñor?
H. LEE. MATAR A UN RUISEÑOR
H. LEE. MATAR A UN RUISEÑOR
Uno puede creer que melodía
es lo que oye
mientras vive en su contorno
de hábitos caseros,
y rezar a los dioses
y proclamar soberanamente
máximas esforzadas
con la lógica intacta
de una jeraquía de las formas.
Uno puede hablar de convicciones
éticas y de normas cívicas
tolerables por una comunidad
de racionales conscientes
al plazo del seguro y
a la declaración implacable de la renta.
Uno puede decir incluso premisas de este tipo:
"el choque con la realidad es siempre
lo contingente de nuestra condición",
y después mirar el reloj y formular
una disculpa para coger el noventa.
Uno es un demócrata más o menos realista.
Pero uno no sabe qué hacer,
ni qué decir, ni qué pensar,
y le entra un no sé qué de hormigueo
en el cerebro,
al ver cómo nos portamos
con los malditos ojos sin pigmento
que trataron inermes
de formarse.
Un no sé qué que algunos llaman sentimiento
paternalista idealista machista ista,
y del que quizá dependa un poco
que esta vida tenga lo que llaman algo
de calor humano,
eso que todos necesitan para sentirse
como en casa.
EPICURO SIGUE TOMANDO EL SOL
Esto que los hombre
llaman vida
se parece a veces
a un río que corre
por su cuenta
la corriente,
otras a un árbol
devastado por el rayo,
y nunca,
a la idea que,
por los ruidos,
me había hecho
en el seno
de mi madre.
RESPUESTA A HARRY HALLER
Mientras tanto
nosotros
los hombres junto al agua,
luchando y esperando
junto al mar
esperando.
P. NERUDA. ODA A LA ESPERANZA.
nosotros
los hombres junto al agua,
luchando y esperando
junto al mar
esperando.
P. NERUDA. ODA A LA ESPERANZA.
Delante no hay camino
por detrá hay niebla
me agarro a tu mano
y me llevas contigo.
No hay horizonte
no hay lucecillas
estoy asustado
y tú me cobijas.
Mar sin consuelo
ha anochecido
espero en la sombra
tú me acaricias.
Es madrugada
alguien nos canta
veo gaviotas
¿cuánto nos falta?
Casi es hoy mañana
y no tengo nada
pero siento tu paso
¿tú, dónde estabas?
FREUD TENÍA RAZÓN
A veces necesitamos
ponernos de puntillas
y creer que tocamos
la estrella.
Luego simulamos
con remedos
de aquel recuerdo
que hay un camino.
Es verosímil: un sendero razonable.
Cuando es la estrella
la que elige habitar
como un misterio
en un lugar inaccesible
a la cabeza
siempre pasa lo mismo.
Es un crucificado.
A LITTLE STEEL STEAK STILL STEAK UP IN THE MIDDLE
¡Este es mi actor! Aquel que sabe repetir de un modo depurado en una luz visible lo que, desde su más tiena infancia, ha sentido ocurrir en una luz invisible.
P. HANDKE. EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS.
P. HANDKE. EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS.
Cuándo cesarán las cosas de decir
lo que no quiero,
de poner resistencia
a mis deseos.
Cuándo será que pueda abrir la puerta
porque está cerrada y oculta
el mundo que esperaba.
Cuánto dolor escondido inútilmente
entre mis actos y
el halcón resbalando en lo alto
entre el viento de Dios y la montaña.
¿Deberé preguntar por el error
que me metió en esta cárcel inseguro
o alguien espera que mañana
levante con la niebla y las gaviotas?
La vida es muy larga.
Hay cadáveres tras el pórtico.
ANANDA,
ANANDA.
Tal vez el quejido nos mide con certeza.
Todo nos es obvio en la madrugada,
la vida es muy larga,
no hay ningún mapa en que mirarse
mientras andas,
tal vez el sueño es la única verdad.
Y, sin embargo, seguimos caminando
entre cristales.
IN THE UNCERTAIN HOUR BEFORE THE MORNING
Habla pues:
Puese ser que no comprenda. Puede ser que no resuerde.
T. S. ELIOT. LITTLE GIDDING II, ii.
Puese ser que no comprenda. Puede ser que no resuerde.
T. S. ELIOT. LITTLE GIDDING II, ii.
Agotado, en el despuntar del sendero
un rellano espera para que contemples
el verdadero significado de las espinas
de acero con las que has llegado hasta aquí.
Será un paisaje terso y hasta es posible
que se muestre alguna rosa, fruto
de tu cultivo esforzado, de horas de tedio.
Las llagas que supuran en tu cuerpo,
¿no iban a ser la perspectiva de tu sueño?
Puede que unas cuantas rutinas forjadas
para el consuelo del caminante, te oculten
el rostro en formación y te impidan
ver la encarnación perfecta, el símbolo
vivo de cuando has aguardado en silencio:
la unidad de la planta que hace delirar
la admiración deprimida y el éxtasis involuntario.
Pero atiende, viator, al que reconocerás
de inmediato como extrañamente lejano y aquí.
Tras el primer júbilo deberás escuchar
una canción jamás cantada, dicha para tí
y para tu espera; no te fíes de tu asombro
y mantén en tensión tu cerebro, en adecuada
inclinación; le reconocerás por su sosiego:
"La encarnación es sólo cosa de un dios,
el final de la tarde y la luz luciérnaga
es una ilusión proyectada por la acción nerviosa.
El afán de búsqueda insaciable y tu
intuición preciosa de los ritmos se deben felizmente
a esa abrupta manera de terminar las tareas.
Las lágrimas saladas de los cuartetos de Bach
tu ceguera irónica ante el que tenías a tu lado.
Todos esos espejos en que te ves reflejado,
desde el mar hasta aquellos ojos verdigrises,
el semen de la masturbación con que día y noche
sometes a tu alma.
Las gotas sencillas habitantes de tu memoria
divinamente terrenas y suaves como el champán,
tu heroico dolor de la épica en solitario,
tu agradable modo de transformar la inacabado en comedia,
podría haber sido hasta aquí una canción hermosa
para el Gran Festival del Mediodía,
pero mejor no mostrarte lo estridente del conjunto:
la sorpresa podría ser tu peor aliado.
Podría decir:
De error en error el espíritu exasperado prosigue,
de no ser recompuesto por ese fuego refinador
donde has de moverte al compás como un bailarín
pero has de perdonar humildemente mi insolencia:
no te darás cuenta del silencio de la sirena
ni recordarás mis palabras. La somnolencia será
tu mejor descanso a no ser que..
olvides el eco de tus pasos; a no ser que
el recuerdo de lo memorable
tuviera que ver,
en vez de con tragedia simulada,
con la huella
en la matriz entrañada de tu soledad en posesión".
II. LA CEGUERA DE EDIPO
-Hijo, yo diría que empezaste mal las cosas -
dijo el juez subiéndose el cuello de la chaqueta-.
¿Por qué habría de importarte una chica?
¿Te ha importado alguna vez una hoja?
T. CAPOTE. EL ARPA DE HIERBA.
dijo el juez subiéndose el cuello de la chaqueta-.
¿Por qué habría de importarte una chica?
¿Te ha importado alguna vez una hoja?
T. CAPOTE. EL ARPA DE HIERBA.
INTRODUCCIÓN
Edipo creyó que respondía con acierto. Ay, inocente, te iba a costar los ojos. Nunca dar nada por resuelto debía haber sido el consejo de nuestros mayores. Tu respuesta te costó la ceguera, viejo Edipo. La matriz que te engendró te esperaba con voz blanca para que la profanaras. La esfinge simuló su hundimiento, pero, viejo, viejo Edipo, Edipo ciego, la placenta que te hizo tiene su propia lógica. "Hombre" no es la respuesta al acertijo. Nosotros no somos más que sus espectadores. La esfinge se ocultaba bajo tu lecho nupcial.
I
Tras la puerta entreabierta
escuchas aletargado
un anuncio publicitario
que utiliza la canción
con la que te enamoraste
de sus ojos sencillos.
Ahora estará esperándote
detrás de cada esquina,
arqueando las cejas
cada vez que suena
el teléfono,
y tú, aquí sentado,
envidiando el sueño de
los peces,
su mirada lineal.
II
promesas, promesas
promesas, promesas
Sabrás qué es lo que quiero
cuando pase mucho tiempo,
tú serás una mujer
un poco más mujer
pero la misma,
yo seré
aquel que siempre ves en sueños
y me cuentas,
aquel sin el muro con que chocas ahora.
El mismo pero otro,
lo prometo.
Desde ahora ya no más,
siempre la luna de testigo
siempre el viento del Norte
azotando nuestras caras
sin que eso nos impida caminar.
El viento del Norte
el viento que sopla más fuerte
el que otros no pueden ver,
azotando las arrugas que él mismo
ha producido al caminar,
aún el frío que entró en nuestras vidas
aquella noche
será una herida digna de recordar,
será otro de tus trofeos,
otra de tus comvulsiones de dolor
para sacarme del cañizal.
Recuerda el Viento del Norte.
III
Rilke me ayuda con algunas fórmulas
Rilke me ayuda con algunas fórmulas
Debes hacerlo.
Ni la esperanza ni la razón tienen que ver con esto.
Se trata de tu destino,
porque en las cosas más pequeñas se traza una
historia a medias. Aunque tú sólo veas nudos,
el tapiz del revés depende de tí.
Hay alguien que se toma en serio cuanto decides
y podrá hacer de tu vida algo para el recuerdo.
En tanto que no recojas lo que tú mismo arrojaste,
todo será no más que destreza y botín sin importancia,
sólo cuando olvides tu vida desde tu imaginación,
cuando al cabo del día, soñolienta,
compruebes que has hecho lo que has querido
sin cumplir con ello ningún proyecto agradable a tus ojos de ayer,
cuando sientas que hubieras hecho lo mismo
aún con todos los favores, con todo el dinero del mundo en tus manos,
sólo cuando te vuelvas cazadora del balón
que te lanzó una compañera eterna,
en tanto que no cumplas la ley de la ciencia
sino la del demiurgo universal,
anotando tus actos uno tras otro sin precipitación
con una fuerza oculta anticipadora,
a tu mitad que te parta en impulso
exactamente conocido, en uno de esos arcos
de la gran arquitectura del puente de Dios,
entonces serás la dueña de tí misma elevada
cuantas veces quieras, no multiplicada, sino
amplificada eternamente,
sólo entonces será el saber coger un poder,
porque tú tendrás la fuerza sin que te pertenezca,
serás diosa digna en el Olimpo del poder
no tuyo, de un mundo,
y ya no te haré falta.
IV
el autor se confiesa inepto para el arte de amar
el autor se confiesa inepto para el arte de amar
No me importa que conozcas
los versos que escribí con sangre
mezclada,
no me importa dar lo poco que tengo,
no me importa que veas
en palabras jamás dichas,
en mis gestos,
otra estrategia inocente.
Srán algo si ves en ello
el signo de ninguna promesa
de ninguna cuerda invisible
entre nosotros por tí sola imaginada,
serán algo
si eres capaz de romperlos
o ver en ellos la huella de un niño
ante tu ventana
y nada más.
Seguiré haciendo el juglar
en tu escenario,
haré lo que sé,
pero no me pidas
seguir al pie de la letra
el capítulo dos de tu ars amandi.
V
Hopper de espaldas
Hopper de espaldas
De la tarde encantada y plana en brazos
de la luz reflejada, lírica,
una habitación de Brooklin podría
ser ejemplo de un ideal acariciado.
Ajeno, desde que te fuiste
busqué en las callejuelas empedradas
un símbolo de París,
un símbolo bajo la dulce luna
que deshacía los contornos,
alguna réplica a tu gesto de azucena
infantil..
La muchacha de Brooklin no contestaba,
miraba tibiamente.
VI
El quiere, sin duda, se evade, aligerado s
e familiariza con la recóndita intimidad
de tu pecho, y allí se toma y se comienza.
R. M. RILKE. III ELEGIA.
e familiariza con la recóndita intimidad
de tu pecho, y allí se toma y se comienza.
R. M. RILKE. III ELEGIA.
Cuántos años bordeando nieves adustas entre mares
y cordilleras, valles y simas,
cuántos años persiguiendo alguna chispa de luz
fugitiva en un movimiento de ida y vuelta,
expansión y recogimiento, justificación.
Cuántos años tras algo familiar, tras permanencia
en la danza,
y sólo extrañamiento que eriza el pelo
y deja tu historia en la cuneta.
Formabas parte hermana
de otra jugada inversa,
no eras más que..
y ya ves
en ti me he encontrado el reino del dolor
injustificable,
la canción inaudible,
el paso torpe ante lo inédito,
el lugar donde el balbuceo
valdrá más que las palabras,
donde el rostro es un cuenco amable
en que nos bebemos.
¿Somo dos o uno?
VII
Tu compañía es un abecedario.
Me acabaré sin oírte.
V. ALEXAINDRE. EL AMOR NO ES RELIEVE.
Me acabaré sin oírte.
V. ALEXAINDRE. EL AMOR NO ES RELIEVE.
Me fui acostumbrando a tu luz y a tus misterios
mujer encantada de un mundo superior,
corazón herido e incurable,
raudal de entrega que se comba
incansable a mi inquietud.
Qué melodía cósmica resumirá tus manos,
qué combinación de nieve y terciopelo
podrá asemejarse a tu piel,
qué gracia femenina surgía de tus dedos
que hasta el deseo se aquieta
ué música tus labios.
Sin ti estoy amargamente solo,
ni las rosas ni las estrellas faltan en tu camino
aunque no oigas la melodía de las montañas;
es como si lloviese oro y perfume
cuando llegas a mi costa.
Tu aliento incoado
es mi destino,
te recibo compañera de mi vida
sobre la tierra,
te recibo precio de mi salvación,
a ti por cuyo amor he velado y
trabajado
a ti, flor inextinguible
dedicaré cuanto soy y cuanto he de ser
porque has partido en dos mi vida.
VIII
De todos los pasos a medio dar
de todas las tentativas y los tumbos sin remedio
por el camino de atrás,
uno me llevó a ti,
diosa del don,
y sólo espero poder ofrecerte
unos días sin mentira
regalarte una sombra caprichosa
de lo que quieres.
Tras un terrón de azúcar
a medio masticar
se esconde
lo que tú eres,
cuanto no soy.
IX
Eres un mundo del que me alejo
con pesadumbre de noches en vela.
Te lo dije, me acostumbré a tus misterios y a tu luz
peregrina,
sé de tus costumbres de cerezo.
Ahora asomará en tu cara rubor de hechizo
para encantarme,
surgirán en tus ojos gotas de sal
que me buscan,
abrirás tu boca austera, tu voz tenue
aleteará merodeando el dolor que tuvo;
yo dejaré caer en tu vera mi cansancio
y mis pies negros como hojas desamayadas,
me abrazaré
y no sabré a quién me abandono aletargado.
X
la seda de la noche de junio
la seda de la noche de junio
Las noches del dulce junio
son un arco de insomnio, y las estrellas
la compañía lejana de tu ausencia.
En vano imagino tu cansancio a mi lado
o tu lucidez cándida escuchando los pájaros
o tus ojos hechos con retama.
En vano espero tu presencia iluminada
tus pies sencillos, tu abrazo.
En vano te añoro,
diosa de cristal.
En vano te espero.
Si todo lo que hago,
cuanto soy,
no sirve para estar a tu lado,
dime,
para qué tan breve noche
bajo el cielo protector.
Para qué seguir
bajo esta fiesta
si todos los gozos y placeres
todo el ritmo trémulo entre luces
me sabe amargo
porque no estás.
XI
Tú no estás,
reina de la noche insomne;
puedo contar
paso tras paso
la distancia que me aleja
a mi pesar.
Pueden ser los astros caprichosos
o implacables,
puede ser el olvido,
o tus propias palabras
las que me llevaron
a este lado sordo de la escena.
Pudo ser, si quieres,
un prejuicio que aletea en tu sonrisa
o un hombre paseando a su perro que pensó
en el mediodía,
o la luna,
pudieron ser algunas cosas,
alondra de lágrimas,
hasta que ocultaste tu luz
y me quedé tanteando
como un ciego
el tibio amanecer;
Solo.
Buscarte en otras caras.
XII
Ojalá pase algo que te borre de pronto.
S. RODRIGUEZ
S. RODRIGUEZ
Detrás de cada paso
me amenazas imborrable
y espesa.
Apareciste desprevenida e indefensa
portadora de todos los encantos
que las leyendas atribuyen a las diosas,
con todos los encantos y el dolor
de no tenerte
más que en las pulsaciones breves
que median las palabras.
Tu veías sólo mi renuncia altanera
en habitarte,
yo ocultaba mi adoración
en indolencia por verte,
pero por tu gesto
grabado en mi alma hasta el dolor
yo hubiera dado cuanto no tengo.
Mejor será que el tiempo te distancie
como estrellas
y no tener noticia de tu brillo.
Ninguna fórmula sencilla
me dará la llave
para entrar entre tus cosas
como un lapicero o una asignatura
o un fin de semana planeado,
ningún viento me llevaría ante ti.
La soledad y la ignorancia
son el precio de haber visto
tus manos.
Deja por lo menos
que escriba entre estas rocas rezagadas,
deja que alimente un poco mi amargura
y me pregunte cómo llevarás hoy el pelo,
o si te faltará tiempo para hacer la compra.
¿De qué color tendrás hoy las sábanas?
XIII
Estar contigo o no estar contigo
es la medida de mi sueño.
J. L. BORGES
es la medida de mi sueño.
J. L. BORGES
Te veo envuelta de todo el misterio
de tus treinta años,
gigante y austera, amor;
dicen que los días han llegado
pronto para mí
y que tu retraso
es largamente inédito.
Dicen que tu seno
ha soportado más de mi capacidad
y que nunca será para mí
como quisieran.
Dicen que soy mentira
que mi amor irreal suspira
quimeras,
que nunca te me acercarás.
Te veo grande y sencilla,
inaccesible como el halcón,
decididamente inmerecida,
siempre más
de lo agradable
a mis sueños.
Dicen que nunca serás mía.
Yo sé que mi cobardía
me ha llevado a este papel;
si un ángel feroz
no se hubiera entrometido esta tarde
entre tu presencia y el miedo,
no estaría haciendo versos tristes esta noche,
no estaría midiendo respetos
de adulto,
sino contemplando
el lenguaje generoso de tu cuerpo,
tu gesto de espiral en la penunbra.
XIV
Todo signo insiste en el silencio,
pero no lo desvela, lo produce.
pero no lo desvela, lo produce.
J. SILES. MUSICA DE AGUA
Son los rizos de luna que ocultan tu cara
los que embrujan mi paciencia esta noche.
Esos ojos que no veo y que esperan
mi palabra o una leve insinuación
que no sea rutina ni adiós.
Yo estaba agarrado a la carrocería ingrata
de tu coche
porque disolviste la tensión con tu suspiro.
Yo no podía hablar cuanto paraste
delante de mi casa.
Hubo un silencio que no decía nada,
sólo tú en actitud de espera,
inmediata y lejana.
Me pregunté por qué brillaban tanto las estrellas,
por su distancia milenaria
o por tenerlas grabadas
como entrañas.
Tú eras una música de fondo
que dejaba desvariar a mi voz desgastada,
la recogías y elevabas en
tu sinfonía de dolor.
Tal vez hubieses querido palabras mías
que no fueran recuerdo,
que no cantaran la arena que
tenía en mis pies
cuando anduve solo.
No tengo memoria desde que
apareciste, puedo jurarlo,
y si espero, vida mía,
y si callo, es por no saber decirte
como debes.
Un día encontraré
palabras nuevas,
y se inclinarán a tu boca
tapada entre los rizos
como un beso.
XV
La arena y el canto que vuelve del mar
fueron testigo.
Hablábamos con el propósito
de seguir al compás de las olas,
acariciando la ilusión
del amor natural.
Tú cogías caracolas insomnes,
y yo trataba de crear alguna música.
Signos descarriados,
sustituibles y muertos:
ay, cómo se burlaba la espuma del salitre
mientras descansaba en la arena.
Podía haber sido un mundo abierto hacia el cielo como el árbol
pero fue un color sin brillo;
el pasado perdurable
e importuno está hecho
de eso:
atomos indescifrables
que cierran las horas y los días,
como si cada uno fuera distinto,
como si cada uno fuera el mismo.
Pero nunca el arco curvando nuestras vidas
nunca las lágrimas del valle de Dios;
estás más ausente en tu presencia.
XVI
No sabemos / si son de agua de mar
o cordillera / tus ojos.
P. NERUDA. ODAS ELEMENTALES.
o cordillera / tus ojos.
P. NERUDA. ODAS ELEMENTALES.
[Para preguntar al mar
cuando llego cansado
qué día podré verte
otra vez,
me quedo soñando
por ver si de algún sueño
surges de la nada.
No sé si esperarte
es astuto
o debiera comenzar
una Odisea
tras de tí.
No sé
si serás Helena,
no sé si estás tejiendo
bajo el cielo de Milán].
No sé.
Preguntar al mar
por tus ojos
mirando hacia el este
no es fácil.
¿Cómo sé si me responden
las olas con su espuma
y su aroma?
Esperar no es fácil.
Sólo en el sueño
imagino
una espera paciente,
imagino
cómo vas vistiendo
la ciudad.
A ver
cómo te espero,
amor,
a ver
cómo imagino
tus ojos,
a ver qué otra traición
a tus espaldas,
por que no sé
si son de agua de mar
o cordillera.
XVII
He recorrido el sol dominando la marisma
y las cordilleras dulces de Escocia,
los bosques negros de Bavaria, el rocío
temblón de las hayas de Zuriza.
He llorado ante el do sostenido de la Pasión
de Bach y con los hexámetros de Homero que suenan como olas.
He escuchado a Gadamer
Sturm und Drang, he pasado noches serenas
junto al fuego y al calor humano de un
amigo.
He reposado mi cuerpo en el mar del norte
derritiéndose ante mí el invierno glaciar,
he navegado por las praderas dormidas de Tijhi;
he oído a Eliot gesticular The Waste Land y cómo su voz
se quebraba entre aquellas rocas, a Baudelaire gritar
mon fraire, oh,
hypocrite lecteur.
Me he arrodillado e implorado ante Dios
hecho trigo en la penumbra sigilosa de Notre Dame,
sé de los pasos insomnes de las luces de Praga.
Tembló Viena en mi alma ante la alegoría
de la flauta mágica, aquellas gotas de felicidad;
me he unido a la gran madre
abrazando en donación la gran roca del Midí.
He estudiado a Leibniz y la Etica a Nicómaco
en griego, puedo sentir a Goethe en su noche
de Fausto, sé de la prosa sinuosa de Shaftesbury
y de su modo de increpar la Tres Figuras de la Belleza.
He escrito el silvo de las gaviotas de Glasgow
y las hojas de su Otoño lánguido y dorado.
Pero a orillas del lago Lommon
me senté a llorar porque he vivido entre sombras
buscando un mundo esferoidal
hasta
que vi en la noche taciturna
la música que fluye intacta de los astros
en aquellos ojos de agua
que me miraban.
XVIII
madrid
madrid
La neblina sonriente del retiro,
el aliento del invierno,
el color de la luna
mezclado con el oro de Palacio,
los árboles azules temblando
al humo de tropeles,
la imagen del universo en la sangre.
El halo nebuloso de la ilusión tras
la Almudena reinando,
la puerta populosa del Sol,
el invierno..
Y un pinchazo en no sé qué
fibra escondida,
un pinchazo indefinido,
porque nada
responde a tu nombre.
XIX
madrid 2
madrid 2
Dime,
dime por qué,
siento entre las sábanas
que estoy solo.
¿Qué hago con la rosa
que pusiste en ese hueco?
XX
canción para merche
Ojos de arena, dulce cantabas
vengo a buscarte, a donde estabas.
Ojos de agua, no te encontraba
tú me dejaste, sin que yo hablara.
Ojos rebeldes, linda allí estabas
yo voy corriendo, no te me vayas.
Ojos en los que yo vi la música
yo te daré el zafiro que guardo
a cambio de tu mirada.
Ojos salados, ven a mi lado,
aunque tu belleza tenga que pasar por el
peligro o el pánico de la nada,
el espanto de la muerte,
la arcada del que expira
o el vómito insípido de la fruta amarga,
la voz del cuerpo en agonía.
Ojos que no he visto llorar
hazme el regalo
de dejar abrazarlos.
Aunque tenga que apretar espinas,
nunca hará frío.
XXI
canción rociera: dos sortijas
canción rociera: dos sortijas
Pasaron antes
otras niñas
por mi alma
romero.
Pasaron como el agua
borrando las huellas
que yo tanto buscaba.
Sin que lo supieran,
sin que lo supieran,
encontré dos sortijas
por lo pinares de Marlo.
Pasaron otras niñas
y no dejaron nada,
sino el polvo del camino.
Pero como
aquellos ojos
jamás se vió
ni a la luz de Triana
un tesoro mayor que el Altozano.
Ay, que me los roban
si en los pinares se quedan.
Oh, por aquellos ojos
yo iría
de puntillas
al Rocío
y volvería descalzo.
De puntillas
por los pinares de Marlo,
quel romero los
oculte mientras llego
a la vuelta del rosario.
De puntillas o descalzo,
¿qué tengo que hacer
para ser yo su regalo?
Por los pinares de Marlo
la luz me los dió a mi sólo.
soy yo sólo para ellos,
soy yo sólo para ella.
XXII
Explícame,
que has desbaratado mis días,
que has desmesurado con tu gracia
la forma del deseo,
que te has puesto en primer plano
en el escenario del doméstico
Vietnam en que me muevo;
que has asaltado mi rutina
y has hecho de ella
un verso inacabado,
que has hecho de mi pequeña vida
escrita en minúscula
el milagro de esperarte.
Explícame,
porque se ha roto en dos mi alma vagabunda,
una imagina tu figura a todas horas,
y otra va desvaneciéndose
porque no estás
y no te tiene.
XXIII
Hubiera sido algo memorable
aquellos breves días de invierno
como un hito y un faro que
abriera nuevos caminos,
algo para recordar,
tu gesto combándose
en la tarde, tu paso
con el eco de la lluvia
de la primera noche.
Hubiera sido incluso
un engaño
al que nos habríamos sometido
con gozo,
como el juego de las gaviotas
si hubiéramos imitado su lento ritual
de despedida.
Pero cuando todo puede decirse
quizá no queda nada que decir
y hoy tu recuerdo
es una palabra vacía
hiriente como un cuchillo.
XXIV
[Lloras, cobarde,
porque llegaste antes,
porque intentaste anticiparte
con tu astucia de rumiante].
No creías
que todo había nacido
sin tu presencia.
Lloras y balbuceas,
cobarde, ante el gran prodigio.
Llorar es otra complacencia,
otra expresión adecuada
de tu búsqueda.
Llora, cobarde,
llena con tus lágrimas
el hueco de tu pecho;
tal vez así
puedas disimular
tantas ausencias.
XXV
Fue
dejar de verte
y traicionarte.
Fue tu beso una llaga no sencilla.
Fueron
tus ojos
un precipicio dulce
al que asomarse
como el niño
tira la piedra al pozo
y espera impaciente
el sonido del agua.
Tu abismo fue el motivo
de aquellos días
tibios de invierno.
Pero no debías
haber hecho
que encontraran
el fondo.
No,
la impaciencia
hizo mostrarte
finita
y con caries.
Tuve que irme.
El eco
del agua
en el pozo
me trae
tu rostro
al recuerdo,
y te quisiera ver
como eras antes.
Fue
dejar de verte
y traicionarte.
XVI
una noche lluviosa
una noche lluviosa
¿Por qué?
¿Por qué te abrazaste
a mi dolor y
musitaste al oído
canciones sencillas?
¿Por qué tocaste
mi mano y
la apretaste contra
tu cara de azúcar?
¿No ves que
mi cuerpo son
los muros
de un grito
agonizante?
¿Por qué
hiciste de mí
aquella noche
una alegoría
de inocencia?
¿Por qué te me diste
si eras pura como el mediodía?
¿Por qué
lo hiciste
si sabías
que tenía
que irme?
¿No ves que ya no puedo escuchar a Brahms
sin sentir
que estás lejos?
XXVII
se desgasta tu figura en el cristal
se desgasta tu figura en el cristal
Cuántas horas solo entre rostros
y semáforos,
cuántos días caminando con los pies encharcados
de barro del sendero sin final,
cuántos minutos de tedio
marcados por el tic-tac de las mentiras,
continuos sin variación,
sin Mozart;
tendré que esperar,
pues ya casi se borra
en mis sueños tu figura;
miro aplastado en el cristal
la huella de tus ojos
y apenas se ve
una pintura borrosa
que no sabe decirme lo que quiero.
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