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sábado, mayo 08, 2010

Los nombres del Innombrable (2)

Presupuestos de la pregunta
Ante todo ¿qué significa esta pregunta? ¿Qué es lo que quiere saber quien la hace? Para entender esa pregunta tenemos que comprender por qué es formulada y por qué no ha sido formulada hasta ahora. Sin duda, Tomás de Aquino ha proporcionado profundas observaciones a la cuestión de cómo se puede hablar de Dios en general. Pero él supone como evidente de suyo una noción preliminar de lo que quiere decir la palabra "Dios". Cuando él demuestra en las cinco vías la existencia de un motor inmóvil , una primera causa creadora, un ser incondicionado por autonomasia, un ser perfecto por excelencia y una primera inteligencia ordenadora del mundo, todas las demostraciones concluyen entonces con las palabras: "esto es lo que entienden todos por Dios", "esto piensan todos cuando dicen Dios". Tampoco es cuestionable para Tomás de Aquino que Yaveh, el Dios de la fe judeo-cristiana, no es otro que el primer motor del que había hablado Aristóteles. El comentario a la Metafísica de Aristóteles conduce directamente la especulación metafísica a una doxología bíblica. La última frase de ese gran comentario dice: "Uno es el señor del universo, el primer motor, el primer inteligible, el primer bien, el que arriba ha sido llamado Dios, que sea alabado por los siglos. Amén". ¿Por qué nosotros ya no entendemos lo que todos opinan cuando dicen "Dios"? ¿Qué tipo de reflexión es ésta que hace tan difícil de entender lo que Tomás de Aquino denominaba el primer inteligible, fundamento de la inteligibilidad? Quisiera dar dos razones. La primera es de naturaleza científica y responde a una tendencia general de la filosofía al análisis del lenguaje. La marcha del moderno pensamiento científico puede describirse como el camino de la reflexión que se encierra cada vez más en la subjetividad y, a la vez, como el camino de una comprensión cada vez más profunda, sino el de una objetivación cada vez más fuerte a través de un sujeto que se coloca frente a la realidad.
La filosofía aristotélica creía comprender por qué una piedra cae hacia abajo: porque busca su lugar natural que está abajo. La ciencia moderna comienza cuando renuncia a comprender por qué una piedra cae hacia abajo. Este proceso de progresiva reflexión y alejamiento tiene diferentes fases. La fase más reciente de ese movimiento -y quizá la más radical- es la filosofía del lenguaje, que en cierto modo pretende reemplazar a la anterior filosofía trascendental. Una conocida frase de Ludwig Wittgenstein dice: "los límites del lenguaje son los límites de mi mundo".También la reflexión del sujeto sobre su subjetividad supone todavía el lenguaje en el que era reflexión y acontece. Dentro de la tendencia general de la filosofía hacia el análisis del lenguaje, la pregunta sobre Dios se convierte en la pregunta por el hablar de Dios. Lo que en ese hablar ha sido siempre comprendido -comprendido como fundamento de inteligibilidad- resulta ahora extraño, esto es, se hace un problema. Donde más claramente se destaca esto es en el neopositivismo. El neopositivismo no se presenta con la exigencia de entender algo mejor que otros, sino con una modestia no del todo fidedigna. Propone como incomprensibles todas las proposiciones que no tienen que ver con experiencia de hechos. Las frases sobre Dios carecen de sentido en la escuela neopositivista porque no cumplen las condiciones de verdad, o, dicho de otro modo, porque quien afirma algo sobre Dios no puede decir bajo qué condiciones sería falso lo que dice. Justamente tales afirmaciones se consideran afirmaciones sin sentido en la escuela neopositivista. Son sin sentido porque son verdaderas en todas las circunstancias, sin que nadie pueda decir cómo debería aparecer la realidad para contradecir tales proposiciones. Tales proposiciones parecen ser del tipo de aquella frase que afirma que todo es cinco vece mayor de como aparece. Ahora bien, la nueva filosofía del lenguaje y la teoría de la ciencia ha abandonado el llamado criterio de sentido empirista (criterio de verificación empírica) que había establecido la escuela neopositivista, y según cual se determinaba qué proposiciones estaban dotadas de sentido y cuáles eran carentes de sentido. Ha dejado claro que no es posible determinar un criterio definitivo de lo que tiene que ser una proposición con sentido y una proposición sin sentido. En lugar de ello el análisis se ha aferrado a un concepto que el fundador de la escuela -Wittgenstein- desarrolló en un época filosófica tardía: el concepto de juego del lenguaje.

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