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lunes, mayo 10, 2010

Los nombres del Innombrable (5)

Estoy ya en la segunda razón que quería dar respecto a la nueva problematización del concepto de Dios. Esta razón no es científica, filosófica, sino que va más allá. Filosofía es, según Hegel, captar el propio tiempo en pensamiento. Funcionalización es signo de la época, primado de la posibilidad sobre la realidad, determinación de la realidad como caso límite de lo posible y como tránsito para la realización de lo posible. En ello se incluye intercambiabilidad fundamental de todo con todo, definición de las cosas según su valor de cambio, esto es, como mercancía. En consecuencia: capital como forma determinante de la propiedad, plan como forma determinante de la interacción. Estas son algunas palabras-clave que caracterizan el pensamiento funcional. Naturalmente, la idea de Dios siempre había cumplido una funciones pero en el siglo XVIII se empezó, por primera vez a definir a Dios por medio de sus funciones sociales. En primer lugar como un intento de compromiso, entre los materialistas franceses. Después en un gran bosquejo sistemático en De Bonald, el teórico de la restauración, que ya en 1793 fijó el tema de una teología política y quiso demostrar la verdad de la doctrina cristiana en base a su actualidad para la sociedad. Fue el primero que definió la religión y ateísmo como presencia o ausencia de Dios en sociedad. Llegó incluso a hablar de la creación y conservación de Dios por la sociedad. El lema "Dios ha muerto" parece no ser otra cosa que el giro progresista de la doctrina de ese gran conservador. La sociedad moderna no produce a Dios; Dios está ausente; por lo tanto, está muerto. Lo que en esta perspectiva permanece oculto es que precisamente la funcionalización de la idea de Dios es la que causa su desaparición. Funcionalización significa en efecto, como dije, hacer intercambiable. Se pueden encontrar equivalente sociales y antropológicas de Dios. La sociedad moderna ha provisto ya de un modo casi completamente distinto las funciones que desempeñaba Dios: desde el poner el coto a la criminalidad, pues tiene como propio el cumplir su función solamente en tanto que no es definido por ella. Un placebo, un medicamento ficticio, actúa solo en tanto que el paciente ignora que sólo tiene realidad en relación a su fe, a su conciencia. Para que el placebo haga su efecto es necesario que el paciente crea que no ayuda sólo a través de la fe. La aclaración destruye el efecto. Toda interpretación funcional de la idea de Dios conduce por ello a sustituirlo por otros equivalentes. No soluciona nada intentar que ese proceso pase inadvertido llamando ahora Dios a los equivalentes como futuro, humanidad, etc... Anselmo de Canterbury había denominado a Dios como aquel más allá del cual nada puede ser pensado. Pero una interpretación funcionalista de la idea de Dios que lo concibe como cualquier cosa buena, anula la idea de Dios. Pues más grande que Dios es, entonces, siempre aquello en favor de lo cual Dios cumple una función. O bien algo es bueno para Dios, o bien son propuestas tareas por Dios y no cumplidas, o bien uno no debe hablar de Dios. En mi opinión toda teología antropológica ha sido superada por la crítica marxista de la religión. Es decir, un Dios que es visto como interpretación de la existencia humana se hace vano en el momento que es advertido como tal. El hombre se reconoce a sí mismo como aquello que antes él había proyectado en el cielo.

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