Nuestros dos pasantes hicieron sus deberes. Subieron a un taxi que siguió como pudo al mercedes en el que huía su objetivo. Pero lo verdaderamente temible de aquella cena fue la reacción de los hombres de Vlad. Se habían puesto nerviosos al constatar que no eran los únicos que seguían a los mismos. Pero poseían la información que habían conseguido escuchar a través de un amplificador portátil. Informaron sobre la próxima parada: Viena. Vlad preparó todo como si de ello le fuera la vida. Contrató mercenarios en todas las estaciones de servicio a 50 kilómetros de Viena de la autopista en la que viajaban Paltrow y Bárbara. Se estaba haciendo todo demasiado complicado de modo que decidió traerse a su testaferro a un lugar seguro en contra de su voluntad.
Y eso es lo que pasó. Antes de que los Delta hubieran identificado el objetivo Vanessa entró en restop de una gasolinera a 30 kilómetros de Viena para tomar un café. Paltrow rellenaba el depósito. Antes de que le llegara el turno Vanessa fue dirigida a punta de pistola a un audi A6 que salió dejando la huella negra de los neumáticos. Paltrow esperó unos minutos apoyado en el capó del coche. Cuando entró para buscar a Vanessa algo le decía que ya no la encontraría. Un vacío gélido recorrió su cuerpo. Apretó su manos arrugando la dirección del judío de Viena que supuestamente debía darle alguna pista sobre aquella carta. Subió al coche y condujo sin mostrar el más mínimo interés por los rádares que le fotografiaban cada 10 kilómetros. Cuando entró en Viena le pareció sucia y despiadada. Eran las tres de la madrugada. Paró en un seven eleven. Tomó un café humeante y compró un mapa. Tendría que esperar hasta la mañana para seguir la pista que ahora consideraba vital. Pero ahora estaba solo. Gritó en su interior. Entró en el coche y se dejó mecer por las sirenas de ambulancias que pasaban por aquella calle céntrica hasta que le venció el sueño. Nada le impidió observar un jeep con los cristales tintados que aparcó sin que nadie saliera de él a 2oo metros ni mucho menos pudo dejarle de llamar la atención el BMW blanco que tenía iluminado TAXI PARISIEN, detrás de dos coches de donde se encontraba.
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