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viernes, julio 30, 2010

El asunto Wittgenstein. Capítulo V

Bárbara es conducida a un piso franco del sur de Viena. Vlad espera con impaciencia mirando cada cinco minutos el reloj. Cuando se abre la puerta reprime una sonrisa y mira con lentitud a Bárbara.
- Hermanita, no sabes dónde te has metido.
Bárbara que no ha dicho una palabra desde que inició el secuestro se abalanza sobre él para propinarle una bofetada. Vlad la esquiva cogiendo su muñeca y dándole un beso en la mejilla que ella esquiva.
- Hicimos un trato. No quería volver a saber nada de ti. No estás en el nuevo guión de mi vida. Y después de hacer todo lo que hice por ti me quitas lo que más he querido en mi vida.
- Querida, ahora no lo ves. Pero pronto me darás las gracias. Quería cumplir mi promesa pero nunca he dejado de vigilarte. Nos jugamos mucho en esto. Ese hombre con el que estás...
- No hables así de él. No es ese hombre. Es mi nueva vida, la única que volvería a vivir cien veces.
- Ese hombre del que te has enamorado es un agente, de la CIA o del MI16. No es buena madera, te lo aseguro. ¿Recuerdas el día en que os fuisteis a empezar vuestra viajecito por Europa? Pues tuvimos que intervenir. Los americanos iban a por ti, perdí a tres hombres. Te aseguro que no se andan con chiquitas. Te quieren a ti y viva, necesitan información. Están acabando con todos nosotros. Primero fueron las bombas y ahora quieren condenarnos como si fuéramos criminales genocidas. Malditos cabrones: el mundo cree que ser serbio es ser un monstruo y está utilizando la extorsión y el soborno para que no quede nadie de la vieja cúpula. Iban a utilizarte como moneda de intercambio. Tu amiguito no es ningún santo. Está esperando el mejor momento. Sí, nena, te he vuelto a salvar el pellejo.
Bárbara estaba impávida. Sus labios se congelaron y sus ojos se humedecieron. El mundo se le cayó encima. Cayó en brazos de su hermano.
- Hermanita, no nos vamos a acobardar. Vamos a utilizar sus mismas armas. Vas a hacer el último trabajo para mí. Vas a volver con él y me lo vas a traer.
Bárbara asintió mientras limpiaba su rostro de lágrimas.

Entretanto un apesadumbrado Paltrow vaga por el aeuropuerto como un fantasma buscando las salidas hacia Oslo. Ignora que no sólo es el objeto de atención de 30 agentes sin contar a los jóvenes Collingwood y Beck y a Pierce y Wolf. Estos últimos lo observan desde un piso más elevado y disimulan una discusión acalorada. Wolf trata de convencerlo de que no se trata de un hombre normal, nadie haría lo que está haciendo por un maldito libro, y, tal como imagina, no se trata del tipo de hombres que utilizan todo como medio con tal de conseguir un buen botín. Estaría seguro de que desconoce el valor de ese maletín. El verdadero depredador es él: fisonomista, psicólogo, orador. Su retórica nunca ha tenido rival y ha conseguido escapar muchas veces de la justicia. No, ese hombre necesita consuelo. Pero ahora está abatido. Y eso significa que no es una presa fácil. No soltará una palabra si sospecha que tratan de engañarlo.
- Vas a dejarme a mí, dice Wolf sin mirar al Senador.
- No sé. Qué le vas a decir. Tal vez ya lo sepa, tal vez no. Pero si llegase a enterarse del contenido de ese maletín no soltará prenda.
- No sé. La mujer es la clave. El hecho de que le haya abandonado implica que desconocen el verdadero valor de lo que están buscando. Encuéntrame a la chica en una hora. Yo voy a sondearlo. No creo que quiera viajar en mi avión. A lo peor tengo que darme a conocer como un pasajero más.
Wolf se da la vuelta y se dirige a la escalera mecánica cuando escucha a Pierce que le llama a sus espaldas.
- Ya no necesito buscarla. ¿Qué cojones está pasando aquí? Nuestra chica acaba de entrar en el aeropuerto. Iba acompañada hasta que ha pasado la puerta giratoria. Han identificado a su acompañante: un ex-alto cargo del gobierno de Milosevic. Está acusado de genocidio. Se teme que pueda tener contacto con Al Qaeda. Todavía tiene muchos hombres trabajando para él. Alquila mercenarios y no le van mal las cosas, sobre todo teniendo en cuenta que nosotros somos sus principales clientes. No estamos seguros de si deberíamos detenerlo o no. Le prometimos al mundo que sería juzgado por un tribunal internacional. Qué tiene que ver este capullo con todo esto. No. No podemos dejar que se inmiscuya. En sus manos con ese dinero sería capaz de quebrar nuestra estabilidad. No quería decirte esto porque cobras por porcentaje. Esos bonos tendrían un valor hoy día de 500.000 billones de dólares. Nuestro producto interior bruto es de 13.800.000 billones. No estamos hablando de un atentado. Ese hombre puede devolvernos las bombas que le enviamos por la vía legal.

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