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viernes, julio 30, 2010

El asunto Wittgenstein V, 2

Beck y Collingwood toman una cerveza negra sentados en un Irish ajenos a lo que está sucediendo. Ven a Paltrow mirar hacia los paneles y deciden ponerse en pie. Se apresuran cuando le ven en la ventanilla de la Norwegian. Obsequiosos preguntan: - Perdóneme, dice Beck, si no es indiscreción. A qué destino se dirige el caballero que acaba de comprar un billete. Collingwood a su lado abre su cartera dejando a la vistas 5 billetes de cien euros. - Es de vital importancia para nosotros, agrega viendo la cara de consternación que tiene la chica que no debería pasar de los 25 de la ventanilla, que subamos a ese avión. ¿Podría usted facilitarnos dos billetes en primera?. Collingwood saca 5 billetes más: - ¿Bastará con esto para abonar el importe, señorita? Un minuto después ambos facturan y deciden reanudar con una nueva cerveza negra el tiempo que les falta para el vuelo a Oslo. -Media hora, querido Beck, el tiempo necesario para apurar una pinta.
En esa media hora el senador ve cómo Wolf se afana por acercarse a la misma ventanilla. Tiene poco tiempo. Si detiene al comandante Karadkik no podría apuntarse el tanto, sería mérito de la Delta Force y de la CIA. Por otro lado si le dejaba marchar el comandante podría obtener lo que él tanto codiciaba para su propia carrera hacia la Casa Blanca y en el peor de los casos alguien con información en Wall Street podría recrear el Crack del 29 con la diferencia de que el impacto sería mundial. Sí, ya no se trataba de su carrera. Estaba en juego su país y el orden mundial. Sin embargo, algo -la intuición siempre había sido su fuerte- le impedía dar la orden. El hecho de que hubiera entrado con la chica de Paltrow y de que la siguiera él solo, y se detuviera en la cola de la Norwegian era sospechoso. ¿Iba a viajar sin su ejército que estaría -de eso estaba seguro- de incógnito por todo el aeropuerto? ¿Cómo si no sabía hacia dónde iba a volar Paltrow? Algo le movió a decirse: "Senador Pierce, tal vez este sea el peor error de tu vida, y tengas que pagarlo muy caro". Miró a su ayudante como solía hacerlo en privado. "Da la orden de que abandonen el recinto. La búsqueda ha terminado. Tú y yo nos vamos a Oslo. Parece que algo gordo va a pasar y algo me dice que para eso no necesitaremos fusiles".

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