Las mujeres mienten mucho mejor con otra mentira que oculte la primera. Así que le resumió cómo había estado después que él con el judío coleccionista y cómo, tras escrutarla, le dijo que casi de manera inmediata se ibas a ir a Noruega. Paltrow no creyó ni una sola palabra de lo que le dijo Bárbara. Fue como mancillar algo santo. Pero el hecho era que ella estaba allí y que de pronto toda su ansiedad se había esfumado.
Para cualquier observador imparcial no era ni mucho menos una escena normal. Excepto dos o tres familias que viajaban al norte en el avión compartían destino un senador presidenciable con su secretario y amante en secreto, un ex-agente de la CIA que podría escribir un libro sobre lo nunca publicado en asuntos internacionales, dos pasantes bebiendo bourbon que no disimulaban su interés por Paltrow, y después el mismo Paltrow y su pareja, o lo que quiera que fuese, ex-actriz porno y testaferro de un comandante serbio acusado de genocidio que también estaba presente.
Wolf sabía que siempre gana el que se anticipa de modo que levantando sus 120 kilos de peso y ajustándose la corbata se acercó a la pareja y haciendo un gesto a la azafata dijo con un marcado acento tejano: "¿Me permiten ustedes que les robe un poco de tiempo? ¿Puedo invitarles a un whisky tal vez? ¿Una cóctel para la señorita?". Su presencia imponía tal convicción que a Paltrow le resultó sumamente agradable teniendo en cuenta que el relato de Bárbara no le cuadraba. "Me llamo Ethan Stephens y soy representante de bio-abonos. Me ha parecido reconocer la cara de su mujer. Ah, no es su mujer, ¿de su novia, de su amiga? Bárbara se sonrojó y no tuvo más remedio que invitarle a sentarse para que dejara de hablar de su parecido con alguien. De ahí surgió una larga conversación sobre la sostenibilidad de las granjas y las cooperativas, nuevas técnicas de trabajar la tierra sin degradar el medio ambiente. Pero a Wolf le bastó muy poco para conseguir saber a dónde se dirigían. Su discurso era tan aburrido que, para que se callara, Paltrow prefirió decirle que iban en busca de un objeto que tenía valor sentimental, más en concreto, un libro que se encontraba en una isla de los fiordos. Wolf trató en un instante en conseguir que nombrara la isla, pero tan sólo se le ocurrió la idea de que también él iba a una isla para coordinar un proyecto de la Unión Europea. Pero eso en los labios de un tejano que vestía armani sonaba muy mal. Estaba claro que Paltrow no le diría el nombre del lugar en el que yacían 500.000 billones de dólares. Cordialmente se retiró y se maldijo a sí mismo. Había conseguido algo pero le había costado un cartucho que no podía reutilizar. Por su parte, Vlad se encontraba perplejo al notar la ausencia de agentes ocultos tras sus trajes o soldados de élite con pantalones vaqueros. Si aquel hombre era de la CIA tendría todo preparado para apresar a Bárbara una vez llegados al aeropuerto de Oslo. Encendió el móvil para mandar un mensaje cifrado pero no estaba seguro de si sus hombres podrían llegar allí antes que él. En Triestre disponía de una buena flota de Shukois pero no llegarían a tiempo. Algo le decía que no corría peligro, pero a pesar de todo ordenó que los rezagados estuvieran cuanto antes en tierra noruega.
No hay comentarios:
Publicar un comentario