Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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lunes, agosto 02, 2010
El asunto Wittgenstein V, 4
Sé que me está mintiendo y, sin embargo, sigo y quiero seguir con ella. ¿Qué tendrá que ver todo esto con su hermano? Sé que me está mintiendo pero podría asegurar que lo hace porque no tiene más remedio. No sé qué es lo que está pasando. Una vorágine está arremolinando todo lo que pasó desde el día que vi en su casa la carta, como si estuviera ya trazado, como si no pudiera mas que ir a parar a un sitio. Y además ese gordinflón vaquero. No sé qué interés puede llegar a tener en ese libro pero estoy casi seguro que no es representante de nada. Me importa menos cómo va a acabar esta trama que el sueño de Bárbara. Ha dormido poco. Siento su cabeza en mi hombro y no quepo en mí mismo. Shopenhauer decía que el sexo es el engaño que la especie le propone al individuo para perpetuarse. Bendito engaño. Bendito sexo cuando es eso y todo lo que le acompaña. Amar y ser amado: en eso consiste vivir. Fuera de eso nada vale la pena. Si ella me propusiera ahora que dejara de buscar el libro para irnos a Tanzania no dudaría un momento. No sé cómo lo ha hecho.Ahora parece más interesada que yo en que todo esto acabe. Sí, algo le está obligando a mentir. Puedo que lo de su hermano sea verdad, pero noto un matiz de desconfianza en su rostro. No es la mirada abierta de Montecarlo, ni su andar ligero en París. ¿Qué coño habrá pasado en Viena? El dichoso libro de Wittgenstein. Por qué lo mantuvo en secreto y por qué lo confió a su amigo. Tal vez porque no eran más que manuscritos y ensayos sin importancia. Tal vez porque era una carta de despedida o una declaración de renuncia a pensar más. Pero en su lecho de muerte dijo que su vida había sido maravillosa. Y nadie diría que lo fue. Qué encontró, qué secreto, qué código, qué misterio fue capaz de poner en un cuaderno. Mi padre estaba seguro que contenía algo muy valioso. Algo ante lo que había que pararse y escuchar atentamente. El primer Tractattus terminó diciendo que de lo que no se podía hablar mejor era callarse. Y él no se calló. Más bien hizo todo lo contrario. Dijo que después de escribir ese cuaderno todo lo que había hecho era paja. Resulta curioso que lo dijera en el momento en que el primer tractattus se estaba dando como libro de texto en las principales universidades europeas. Que creara una escuela con el séquito de lebreles que se lo sabían de memoria y para los que Wittgenstein era una especie de redentor del pensamiento. Justo en ese momento se desdice de todo lo que ha escrito y se retira. Encuentra la piedra filosofal y no lo pregona a los cuatro vientos. ¿Tendría miedo a que le malinterpretaran? ¿O quizás no se tratara de nada misterioso sino de algo que todos sabemos ya aunque no sepamos reconocerlo? Miro a Bárbara mientras el avión se prepara para aterrizar. No sé lo que pasará en Anholt. Debo estar preparado para lo peor: para no encontrar nada, para volverme con las manos vacías. ¿Qué haré entonces con la brecha que se ha abierto entre nosotros? Tengo que conseguir que me diga la verdad. La despertaré suavemente y le diré al oído que me diga la verdad. Sé que no se podrá negar.
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