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jueves, julio 01, 2010

Molière, Don Juan, V, 2.

ESGANAREL.- [...] Haced conmigo lo que os plazca: azotadme, moledme a palos, matadme si quieres. Pero es preciso que me desahogue y os diga lo que he de deciros como criado fiel. Sabed, Señor, que tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Y, como dice tan bien aquel autor, a quien conozco, el hombre está en el mundo como el pájaro en la rama: la rama está pegada al árbol; quien se pega al árbol, sigue buenos preceptos, los buenos preceptos valen más que las buenas palabras; las buenas palomas se oyen en la corte; en la corte viven los cortesanos; los artesanos siguen la moda; la moda sale de la fantasía; la fantasía es una facultad del alma; el alma nos da la vida, la vida acaba con la muerte; la muerte nos recuerda al cielo; el cielo está sobre la tierra; la tierra no es el mar; el mar está sujeto a las tormentas, las tormentas hostigan las naves; las naves necesitan buenos pilotos; el buen piloto prudencia tiene; la prudencia no es virtud de la gente moza; la mocedad debe obediencia a la vejez; la vejez es amante de la riqueza, la riqueza hace al rico; el rico no es pobre; el pobre padece necesidad, la necesidad no conoce la ley; quien no conoce ley vive como un bruto: de donde se desprende que habréis de condenaros con todos los diablos.
DON JUAN.- ¡Extremado razonamiento!
ESGANAREL.- Si después de esto no os rendís, peor para vos.

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