Claro que la ignorancia es el secreto de la felicidad, y de la sabiduría, el silencio. En ambos casos, se trata de una espera: una inconsciente, la otra cómplice. Todavía sigue rondándome la cabeza la idea del inmisericorde, del miserable que critica desde su atalaya. Hacer algo con garantías: es eso lo que te impide recoger beneficios. Hacer todos los días algo que te de miedo. Que no harías. La idea de alguien que arriesga y pierde en el ámbito emocional. Su liberación interior. El ridículo que ha pasado es solo una etapa que en su inmensidad le parece “ridículo”. Por ejemplo, un hombre en busca de la felicidad, cauto y cautivo de su idea:“hi-fidelity”.
¿Cuándo la magnanimidad puede ser inocente? El término auténtico está demasiado contaminado. ¿Por qué alguna gente se preocupa tanto de los procedimientos? ¿Es ese el nihilismo que tanto odiaba N. Ver términos consagrados como “solidaridad, lateralidad (oblicuidad,), igualdad, multiculturalismo”, como amplios gimnasios de ejercicios vacuos de energías estériles que no supieron, no pudieron, no quisieron, despertar en un momento vulnerable. Y que a eso lo llamen formación de la opinión pública. La mente no puede más que con algunas dimensiones, y la risa se da sólo en una (con muchas solapadas).
Lo bueno puede esperar.
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