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sábado, abril 24, 2010

Ejercicio 1

Siete de abril. P. se levanta tratando de omitir todo juicio. Enciende un cigarro sentado en la cama. Casi hay luz de verano. Un café, piensa. La ausencia de preocupaciones no tiene nada que ver con un estado de ánimo lánguido. Siempre hay tensión suficiente para pensar que no es el mejor día de su vida. Se levanta para poner el agua caliente. Bru lo ha vuelto a hacer, dormir en su habitación. Lo hace cuando tiene ganas de salir o cuando nota algo extraño. No necesita verlo dos veces. Sus dientes incisivos se ven. Su rostro rígido. Está muerto. No quiere verlo, pero, sin embargo, se agacha. Le toca. No puede cerrarle los ojos. Está frío. Se ha ido. P. sólo piensa en encontrar una gran sábana para taparlo aunque sabe que el día será igual de largo.
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Me despierto cansado. Odio cualquier película que acabe bien. No me pongo las zapatillas. Prefiero fumar. Repaso el día que espera tras la ducha y prefiero no hacerlo. Mejor un café. Sentirse feliz de estar vivo es un milagro y no envidio a los que lo hacen porque no tienen mérito. Voy al baño. Bru está demasiado quieto. Demasiado. Algo me obliga a doblar mi cuerpo hasta tocarlo. ¿Qué tenemos de común ahora? Algo se ha roto y lo ha hecho sin mí. No puedo dejar de imaginarlo subiendo las escaleras hasta mi habitación, o su último suspiro. Me parece algo incompatible con el tiempo. Temo. No voy a forzar ningún recuerdo. ¿Qué me mantiene en pie? Su última decisión fuera cual fuera, el hacerlo a mi lado.

3 comentarios:

Paul Paltrow dijo...

¿qué se siente?

myriam abedul dijo...

La devoción de Bru por P, era y es parte del cariño de Dios por sus criaturas, por P. Es un fragmento de aquella belleza que Dios regala al mundo, a personas como P. Pero un fragmento grande, lleno de cualidades. Quién como Bru fue tan leal, fiel, incondicional y devoto con P? Solo Dios lo sabe, y solo en la tierra de los vivientes habrá una re-unión entre criaturas que se quisieron mucho en la tierra. Mirando el mar, las estrellas y las sendas de las riberas, sentirás la presencia de ese amigo de ruta que ya no está, pero está. Y los que se preguntan qué se siente, mejor no preguntar... quizás?

Peter von Weiss dijo...

El buen escritor no debería describir lo que siente si no provocarlo en la conciencia del lector. Y más allá de eso, como decía Aristóteles, lo escrito prescribe lo que se deb sentir. Te entiendo, Paltrow