En la controversia existe la refutación directa en donde demostramos que los fundamentos de la afirmación son falsos (nego majorem, minorem); o admitimos los fundamentos, pero negamos que de ellos se deduce la afirmación (nego consequentiam). En la refutación indirecta utilizaremos la apagoge o distancia: asumimos la tesis del adversario como verdadera y después demostramos la consecuencia que se sigue si, combinándola con cualquier otra proposición aceptada como verdadera, se deduce una conclusión obviamente falsa.
ESTRATAGEMAS MENORES
- Provocar la cólera del adversario, pues, en su furor no será capaz de juzgar correctamente y percibir su propia ventaja. Se irrita su cólera haciéndolo sin disimulo, algo injusto, vejándolo y, en general, tratándolo con insolencia.
- Un golpe descarado es cuando, después de que el adversario ha respondido a muchas preguntas sin favorecer la conclusión que teníamos en mente, se declara y proclama triunfalmente como demostrada la conclusión que se pretendía, aunque de hecho no se siga de sus respuestas.
- Si el adversario solicita expresamente que presentemos alguna objeción contra un punto concreto de su tesis, pero no encontramos nada apropiado, hay que enfocar el aspecto general del tema y así atacarlo. Por ejemplo, si hay que decir por qué una determinada hipótesis científica no es creíble, hablaremos de la incertidumbre general del saber humano ilustrándolo con todo tipo de ejemplos.
- Si observamos que el adversario hace uso de un argumento tan sólo aparente o sofístico, podemos anularlo sacando a la luz su carácter capcioso e ilusorio. Pero es mejor abatirlo con otro argumento sofístico y aparente. En realidad no se trata de la verdad, sino de la victoria.
-Podemos provocar al adversario contradiciéndolo e inducirlo así a exagerar más allá de lo justo una afirmación que, en sí y en cierto contexto, puede ser verdadera y, una vez refutada esa exageración, es como si hubiéramos refutado también su tesis primitiva.
-Un golpe brillante es la retorsio argumenti: cuando el argumento, que el adversario quiere utilizar a su favor, puede con más razón ser utilizado en su contra. Por ejemplo, dice: "Es un niño, hay que dejarle hacer lo que quiera". Retorsio: "Precisamente porque es un niño, hay que corregirlo a fin de que no perservere en sus malos hábitos".
- Si el adversario, de forma imprevista, se enfurece ante un argumento, hay que insistir con ardor en ese mismo argumento: no sólo porque es ventajoso hacer que se encolerice, sino porque se puede suponer que hemos tocado el flanco débil de su razonamiento y se le puede acosar en ese punto más de lo que antes pensábamos.
- Cuando una persona culta disputa ante un auditorio inculto se formula un ad auditores, es decir, se avanza una objeción no válida, pero cuya inconsistencia sólo un experto puede captar. Y si bien el adversario es un experto, no lo son los oyentes. A los ojos de estos queda derrotado, tanto más si nuestra objeción logra que su afirmación aparezca, de alguna manera, bajo una luz ridícula. La gente es fácil a la risa tonta, y los que ríen están de parte del que habla. Para demostrar que la objeción es nula, deberá el adversario entrar en una larga discusión y remontarse a los principios de la ciencia o a cualquier otro recurso. pero no es fácil encontrar un auditorio interesado en esto.
- Si se advierte que uno será derrotado, se recurre a una diversión, es decir, se comienza de pronto con algo totalmente distinto como si fuera pertinente a la cuestión y constituyera un argumento contra el adversario.
- Es bueno aturdir al adversario con un raudal de palabras sin sentido como dice Goethe en Fausto: "Con frecuencia creen los hombres, cuando escuchan sólo vacías palabras, que se trata de serios pensamientos".
- Si el adversario tiene de hecho razón y ha escogido para defenderse, afortunadamente para nosotros, una prueba inadecuada, nos resultará fácil refutar esa prueba y daremos esto como una refutación de la tesis misma.
- Cuando se advierte que el adversario es superior y que acabará no dándonos la razón, se adoptará un tono ofensivo, insultante, áspero.
3 comentarios:
el nefando doctor Weis cuando no tiene nada original o propio que decir - lo cuál sucede casí siempre, y siempre los lunes- vuelve a su apopléjico cortar y pegar, generalmente de algún clásico que le ha sido recomendado por el sagaz y despierto Paltrow. Pero su artera maniobra le estalla en las manos: La grandeza del autor empequeñece al copión.
PS: aviso a las defensoras de weis: este comentario es sólo un caso práctico, a modo de ejemplo, de la última regla, a los meros fines didacticos. ( y este de la antepenultima.
El letrado y sagaz señor Paltrow está demasiado acostumbrado a utilizar este arte erística con la que manipula a sus interlocutores para fines propios. Su gran deseo es ganar en las contiendas y esperar el aplauso de las señoritas. Por eso seleccioné aquellas de las estratagemas con las que más se podía identificar. Sus agravios son impunes a mi inteligencia. Lo que para él es copiar y pegar (cosa a la que, por otro lado nos tiene acostumbrado) es una selección cuidadosa de la que se deducen las evidencias por sí mismas. Si él, en ocasiones torpe, no puede reconocer ese buen hacer es un problema al que no podíamos ayudarle más que con el silencio con el que el sabio responde ante la estulticia (esto es una prueba de la retorsio argumenti para provocar una distorsión en su carácter fácilmente encolerizable y cerrar este pequeño ejercicio del que, obviamente saldrá derrotado).
Mmmmmm....fuego cruzado entre colaboradores...Me gusta el olor a napalm en el blog al amanecer!!!!!
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